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Differences between osteoarthritis and rheumatoid arthritis: from the wear to our own body’s fury

16 août, 2013

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Google translation: Traditionally, by the similarity of the terms and the overlap in the damaged areas of the patients of osteoarthritis and rheumatoid arthritis, they confuse both pathologies. They could hardly be more opposite.

While osteoarthritis stems from the degeneration of the area affected by ‘wear and tear’ or ‘abnormal’ use  (extreme intensity of use of the joint,  ’side’ effects of poorly healed…

USA_GB_iconThe icon give access to a complete non human direct Google translation of the post http://bit.ly/1eOBYMQ. It might contain translation mistakes or misinterpretations.

See the original post in spanish below:

DIFERENCIAS ENTRE ARTROSIS Y ARTRITIS: ENTRE EL DESGASTE Y LA FURIA DE NUESTRO PROPIO CUERPO

De forma tradicional, por la similitud de los términos y la coincidencia en las zonas dañadas, parte de los pacientes de artrosis y artritis reumatoide llegan a confundir ambas patologías. Difícilmente podrían ser más opuestas.

Mientras que la artrosis tiene su origen en la degeneración del área afectada por ‘desgaste’ o uso ‘anormal’ (intensidad extrema de empleo de la articulación, efectos ‘colaterales’ de fracturas mal curadas, etc.), la artritis reumatoide es una enfermedad autoinmune, es decir, es nuestro propio organismo el que ataca las zonas articulares, como si tratara de ‘cuerpos extraños’.

Abordamos esta confusión habitual y el alcance de los procesos ligados a la artritis reumatoide con el Dr. Del Piñal.

Dr., ¿cuáles son, a grandes rasgos, las diferencias entre artrosis y artritis reumatoide?.

La artrosis y la artritis reumatoide no tienen nada que ver una con otra. Tanto su mecanismo lesional como sus características clínicas son completamente diferentes.

Como hemos comentado en entradas anteriores, la artrosis implica un proceso degenerativo, una situación de desgaste; por el contrario, la artritis supone una inflamación de las articulaciones vinculada a enfermedades autoinmunes, esto es, y a trazo grueso, aquellas en las que ‘el cuerpo se ataca a si mismo’.

Situación preoperatoria de la mano derecha de una paciente de artritis reumatoide con ambas manos afectadas. Las deformidades provocadas por esta patalogía generan un altísimo impacto funcional y estético.
¿En qué consiste ese ‘ataque’?.

En estas situaciones clínicas, el organismo no reconoce nuestras propias articulaciones; las considera un elemento extraño, las ataca y las destruye. Así, a diferencia de la artrosis, que afecta como regla general a pacientes en las últimas décadas de su vida, los casos de artritis pueden aparecer incluso en adolescentes.

Entrando en detalle, el cuerpo artrítico provoca una reacción inflamatoria en la zona dañada, concretamente en el tejido sinovial, que envuelve a las articulaciones. Dicho tejido libera, entonces, sustancias tóxicas para el cartílago articular. En esencia, de forma resumida, el organismo acaba con el tejido cartilaginoso y, en el proceso, destruye la articulación afectada.

Podríamos decir, en un titular de impacto, que el cartílago es víctima del ‘fuego amigo’ en una guerra entre el cuerpo y su articulación.

¿En qué articulaciones aparece más la artritis reumatoide?.

No podemos hablar de artritis reumatoide en una articulación u otra. Se trata de una enfermedad del cuerpo que daña las áreas articulares en función de su vulnerabilidad, por muy diversos factores.

Dr. ¿cuáles son los síntomas más habituales?.

Además de la inflamación, dolor en las articulaciones afectadas, que suele subir de intensidad a medida que la enfermedad avanza. A su vez, una señal de alarma llamativa, especialmente para los pacientes jóvenes, es la rigidez articular matinal, es decir, el sentirse ‘trabado’, con dificultades de movilidad nada más levantarse por la mañana.

Por desgracia, de no tratarse, esta patología acaba provocando graves deformidades, extraordinariamente limitantes y que impiden al paciente realizar la mayor parte de sus tareas cotidianas.

En la imagen se aprecian las grandes diferencias funcionales y estéticas, en postura extendida, entre la mano izquierda operada y la aún no sometida a cirugía.
Pero existen tratamientos efectivos, Dr., ¿no es así?.

Sí, así es. A día de hoy, tenemos un abanico amplio de posibilidades eficaces para frenar el ‘ataque’ de nuestro propio cuerpo. En este caso, no hablamos de soluciones quirúrgicas –que entrarían en juego en una ‘segunda fase’- sino de tratamientos farmacológicos ligados al ámbito de la reumatología.

Se trata de fármacos inmunosupresores, que actúan tratando de revertir y detener esa situación de rechazo del organismo hacia sus propias articulaciones.

¿Cuándo llega el turno de la cirugía?.

Digamos que son los contextos clínicos en los que las soluciones reumatológicas no bastan. Es ahí donde entra en juego el cirujano, con avances esperanzadores en los últimos tiempos.

Antaño, el recurso a la colocación de prótesis era obligado en la mayor parte de los casos, ya que las articulaciones llegaban devastadas a esta ‘fase quirúrgica’. No obstante, ahora los fármacos -aun en los casos en que se ven superados- consiguen preservar partes ‘aprovechables’ de la zona dañada. Esto nos permite aplicar diferentes mecanismos de reconstrucción, con los que tratamos la articulación sin necesidad de prótesis.

Permíteme recurrir otra vez al símil bélico. De algún modo, tenemos una guerra en la que un país ha perdido varias de sus ciudades e infraestructuras principales. Nuestra función en un escenario figurado así sería la de conseguir que siga funcionando a partir de las zonas que no han sido destruidas por el enemigo.

Hablamos entonces de acciones paliativas (…).

En efecto. Se trata de intervenciones paliativas, en las que se restaura parte de la funcionalidad de la articulación. Muy en resumen, lo que hacemos es reequilibrar o poner en uso partes de las articulaciones del paciente no afectadas, además de retirar el tejido sinovial dañado.

Sin embargo, pese al carácter paliativo que mencionamos, se obtienen buenos resultados que mejoran la calidad de vida del paciente, y que –en ciertos casos- son especialmente satisfactorios. Siempre y cuando, como suelo insistir, la cirugía sea realizada por equipos con los conocimientos, técnica, medios y experiencia adecuados.

En este caso, la recuperación funcional, tanto en extensión como en flexión, de la mano intervenida es evidente. Todo ello, acompañado de un impacto estético de la cirugía mínimo.
Dr., una vez realizada la cirugía, ¿’retoma’ el organismo su acción destructiva?.

La artritis reumatoide aparece en brotes, que van perdiendo intensidad en el tiempo. Nosotros actuamos sobre los  impactos de las primeras manifestaciones. A partir de aquí, gracias a la retirada de tejido sinovial, a la que aludía, y al tratamiento farmacológico la enfermedad puede contenerse.

Sin pretender dibujar un escenario idílico -los pacientes conocen bien los hándicaps con los que han de lidiar- el futuro de una persona diagnosticada hoy con artrosis reumatoide es mucho mejor que hace una década. Sin duda.