La paciente, niña de veinte meses, sufre amputación del pulgar derecho por aplastamiento. Se transfiere el ‘dedo gordo’ mediante microcirugía del pie a la mano, mientras que para evitar la pérdida de apoyo del pie se desplaza ligeramente el segundo dedo de la extremidad inferior en una segunda intervención quirúrgica.
En menos de un año, se ha recuperado la función de pinza del pulgar y la mejora estética es notable.
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