Cuando la artrosis en las manos presenta ya un cuadro agravado, no solo se produce una afección sobre el área trapezometacarpiana, sino que también surgen daños en las articulaciones interfalángicas distales y proximales; es decir, en la mitad y el extremo de los dedos de las manos.
Este impacto de la artrosis sobre los dedos provoca deformidades en su ‘punta’ –distal– y el engrosamiento de su zona media –proximal–, impidiendo gestos tan cotidianos como ponerse un anillo. No obstante, las limitaciones funcionales en esta variedad de la patología son menores que en otras, lo que determina el perfil de tratamiento más idóneo.
Conversamos con el Dr. Del Piñal sobre una forma de artrosis con notable incidencia en las mujeres en la posmenopausia y, de forma especial, a partir de los sesenta años.
‘No puedo ponerme ni una sortija’, ‘me dan ganas de esconder las manos’ (…). ¿Cuántas veces ha escuchado frases de este tipo?, Dr.
En innumerables ocasiones, por desgracia. Este perfil de artrosis –limitante y difícil para el paciente como el resto- genera, sin embargo, más dificultades estéticas que funcionales. Resulta duro desde un punto de vista psicológico para las personas afectadas.
Antes de abordar esta patología tenemos que tener en cuenta una de sus particularidades principales. Usualmente, daño estético y funcional suelen ir de la mano, pero en este caso no es así: podemos encontrarnos con unos dedos con muy mal aspecto, pero con una buena función.

Entiendo, Dr., que Ud. considera prioritario preservar la función por encima de criterios estéticos, ¿es así?.
Sí, sin duda. Cuando un paciente me pide mejorar el aspecto de su dedo a costa de sacrificar funcionalidad, mi recomendación ha de ser negativa. ¿Por qué?, en esencia, porque las deformidades, el engrosamiento asociado a este tipo de artrosis suponen una respuesta natural del cuerpo para preservar los dedos ‘operativos’.
Al perder el cartílago en las zonas articulares, los huesos entran en contacto directo, generando presión y, por consiguiente, dolor. En esta situación, el hueso intenta crear más superficie de contacto para ‘distribuir’ esa carga, provocando así que los dedos engruesen; es un fenómeno que se da en todas las formas de artrosis, como la de las rodillas p.ej.
Lamentablemente, desde el punto de vista estético, es esa deformación la que mantiene las articulaciones funcionales y reduce el dolor. Es el ‘precio’ por poder mover los dedos.
¿Soluciones mediante cirugía?.
Si me permites, vuelvo sobre el punto anterior. Una persona puede acudir a nuestra clínica con un dedo con mal aspecto, pero con una capacidad de flexo-extensión, es decir, de doblarse y extenderse, del 80%.
En estos casos, podría plantearle una intervención en la que en la zona articular proximal se coloca una prótesis interna que va a proporcionarle un dedo más delgado, pero también va a causarle una reducción notable de funcionalidad.
Más aún, en las situaciones de afección sobre las articulaciones interfalángicas distales, en el ‘extremo’ de los dedos, lo único que podemos ofrecer –en cuanto a cirugía- es fijar la zona; con lo que la pérdida de movimiento es total.
Mi criterio genérico es, como te he comentado en varias ocasiones, otorgar prioridad a la función.

Distinto es el caso de pacientes con mucho dolor y una movilidad de sus dedos limitada. En este perfil minoritario, la cirugía sí supone una opción recomendable. Al igual que puede serlo en los casos de artrosis postraumática en personas jóvenes, esto es, una artrosis no asociada al envejecimiento, sino a una articulación con un funcionamiento inadecuado durante años; a causa de una fractura mal curada tras un accidente, por darte un ejemplo.
¿Y para el perfil con mayor incidencia?, Dr.
Mi postura es clara. Un tratamiento conservador, a partir de reposo nocturno y uso de férulas de inmovilización o anti-inflamatorios, y huir de tratamientos ‘milagro’; como las inyecciones de factores de crecimiento, ácido hialurónico, etc.
No existe ni un solo trabajo reconocido que pruebe efecto positivo alguno de estas terapias, sea estético o funcional, superior a los enfoques conservadores que apuntaba.
Te seré aún más taxativo en lo que respecta a mis áreas de especialización: en las manos este tipo de ‘soluciones’ solo sirven para enriquecer a quien las recomienda.
Es cierto que hay elementos, como el ácido hialurónico, cuya falta parece incidir en los procesos de degeneración articular. Pero inyectarlos no conduce a nada, ya que la artrosis implica una desestructuración global de la articulación.
¿Algún ejemplo, a trazo grueso, que facilite al lector entender lo que te planteo?. Imagina que pretendes reconstruir un muro derruido, volcando encima una tonelada de ladrillos (…) o intentas arreglar un motor gripado bañándolo en aceite. Hablamos de algo similar. No existen atajos.
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